- ¡ES HORA DE QUE APRENDAS A TENER UN MALDITO ORDEN!- gritó enfadada la voz de su progenitora. Su mentón temblaba, provocando en ella una extraña sensación de ansiedad. Recorrió con la mirada sus arqueadas cejas, sus blancos dientes crujiendo y entones reaccionó.

- ¿Orden? ¿Dices orden?- repitió ella, intentando prolongar la discusión, y con ello, tener la oportunidad de preparar un argumento irrevocable.

- ¡YA TIENES DIECISÉIS AÑOS! La mayoría de las niñas de tu edad al despertarse automáticamente tienden su cama- y señaló la montaña de cobijas floreadas que cubrían lo que posiblemente fue una cama en dorados tiempos de antaño.

- Más que de orden, es cuestión de previsión- susurró Mariana, y se aproximó a las persianas; mientras su madre, en la esquina contraria de la habitación, se desprendía de quejas amargas.- Verás, mamá. Mi cama deshecha no es únicamente un reflejo de mi rebeldía adolescente, pereza y valemadrismo. No. Debajo de las cobijas se esconden sentimientos de responsabilidad, madurez y previsión que probablemente te sorprenderían.

- ¿Con qué cosa vas a salir ahora? Cuando no platicas con tu gnomo de jardín, te...

- No, mamá, no me interrumpas: esto es serio- añadió, reuniendo esfuerzos para realizar la expresión de mesura más convincente que su fisiología había logrado- Uno desconoce el momento en el cual puede ser picado por uno de esos mosquitos portadores de enfermedades mortales; quizás, a pocos metros de aquí, se halle uno de ellos contagiándose de más enfermedades malignas y viene para acá, justo a esta dirección y...

La madre de la adolescente movió su cabeza a la derecha, y a punto de iniciar su plegaria a la Virgen del Carmen se detuvo, al ver el dedo índice de su hija sobre sus labios.

- Puedo escucharlo... ¡viene hacia acá! ¿También escuchas el aleteo? ¿Lo sientes, mamá, abriéndose camino en el aire?

La mujer la miró durante unos instantes.
- Es evidente que no comprendes a lo que me refiero, o encuentras poca lógica en ello… pero, ¡madre! ¿Es que acaso no entiendes que hago todo esto porque te quiero?- hizo una pausa para limpiar su rostro de las inexistentes lágrimas que definitivamente no corrían por sus mejillas- Sé que al encontrarte tú completamente atormentada y preocupada ante la posible muerte de tu hija, después del piquete que recibirá, lo último que querrás será deshacer esta cama para colocar ahí el débil cuerpo de tu moribunda hija…

- ¡MARIANA!

Y entonces, a pesar de sus nobles intenciones (dignas de canonización), la joven obedeció a regañadientes, maldiciendo al inoportuno mosquito por su tardanza.

Oh, mágica Mariana plasmó en Internet su estupidez un 20 de enero de 2007 a las 3:54 p.m..

4 Responses to “Pensaré en un título decente después.”

  1. # Anonymous Anónimo

    "Mi cama deshecha no es únicamente un reflejo de mi rebeldía adolescente, pereza y valemadrismo"

    Me gusto esa parte.  

  2. # Anonymous Anónimo

    Eres tan rbd que no me sorprendería que tu cabello fuera rojo.  

  3. # Anonymous Anónimo

    =O ¿para qué tender la cama si de todos modos vas a acabar destendiéndola? Es como cuando Amaranta tejía su mortaja o algo sí...
    Jaja, de todos modos qué genio. Nunca había escuchado un argumento más original para no tender la cama.  

  4. # Anonymous Anónimo

    Para qué amarrarte las agujetas si de todas maneras te las vasa a desamarrar?  

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